ROSITA CARMONA, HECHIZOS, LIMPIAS, AMULETOS

sábado, 06 de enero de 2007

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RELATO COSTA RICA




Nací en un pequeño barrio de la ciudad de San José de Costa Rica. Eran los años cincuenta. Ahora que estoy aquí, me siento a recordar con especial romanticismo, y puedo visualizar hasta el menor detalle. Recuerdo una mañana muy soleada, pero no puedo sentir la impresión del sol quemante, sino un calor suave y acariciador. Una brisa con aroma a césped mojado refresca mi nostálgica nariz. No detecto ningún pensamiento triste ni derrotista, es más, siento no saber qué significan esas palabras. En esa época soy un ser que vive y se siente condueño de todo lo que existe, aunque no estoy muy seguro de lo que eso pueda significar.

Una noche nos visitó mi hermana con su marido. Mi madre estaba emocionada por ello, a tal grado que compró las mejores viandas y orgullosamente las sirvió para así agasajar al especial invitado. Conversaron hasta tarde y cuando se percataron de que mis ojos se cerraban del sueño; apenas pude darme cuenta que una varonil fuerza levitóme hasta mi cama.

Mi dormir no fue lo usualmente plácido. Unas metálicas voces poblaron mi crepuscular estado, unas voces más allá del espacio y del tiempo, no lograba entenderlas, pero sí me transmitían un nuevo sentimiento, angustia. El silencio repentino me despertó en la soledad de mi habitación. Mi cama sonó cuando me senté y lentamente mi mirada traspasó la gran ventana donde se apreciaba el inmenso patio. Mi corazón se sobresaltó al ver una fría y fantasmal imagen. Era el mismo patio de siempre, la luz de la luna llena iluminaba los árboles creando una negra sombra debajo de ellos que contrastaba con el fulgor plateado del alumbrado césped, pero algo había cambiado, una fantasmal niebla lo invadía todo. La triste luz plateada bañaba el piso de madera. Un sepulcral frío invadió mi alma. Continuaba observando el patio como esperando que algo sucediese, el tiempo pasó, y mis ojos se fueron cerrando. Mi sueño volvió a ser incómodo.

Al día siguiente me levanté a la rutina. No me sentía bien.

Con los días, mi malestar aumentó, mi cara perdió su color y mi espíritu se debilitó. Es apendicitis.. dijo el doctor. Y fui trasladado el hospital de emergencia, ya que según el dictamen, mi vida corría serio peligro.

Mis actuales recuerdos de esa época específica están repletos de lagunas. Tal parece que mi vida se hubiera dividido en dos partes. Antes y después de aquella noche.

Penosamente recuerdo el monótono cuarto del Hospital San Juan de Dios, su hilera de camas ocupadas por otros infantes. La mente nublada por el efecto de un sedante, un desplazamiento rápido hacia una fría sala de operaciones. De ahí en adelante, una pequeña sucesión de imágenes y sensaciones extrañas. Un olvido total, un sueño sin soñar.

Una semana después regresé a mi casa. Mi madre me miraba escrutadoramente. Sus ojos tristes y desvelados me recordaban un rostro de Cristo que había visto en la Iglesia Catedral.
¿Dónde está papá?
No hubo repuesta.

Mi pensamiento se dirigió alegre hacia aquel hombre corpulento, quien de cuclillas me esperaba con los morenos y peludos brazos abiertos. Dentro de su abrazo había encontrado una seguridad infinita. Esa sensación era reciente. Todavía tenía prendido en mi nariz el varonil aroma de su colonia.

El tiempo continuó su mecánico movimiento.
Llegó el momento de volver a salir a reunirme con mis amigos. Emilio, Yito, Francisco y el otro. Es extraño, no puedo recordar el nombre de aquel niño que muchas veces jugó conmigo. Les he preguntado a todos y ninguno parece saber de qué estoy hablando. Me intriga. Si bien es cierto que no fue mi mejor amigo, pero tampoco recuerdo que fueran pocas las veces que lo vi. El asunto empeora cuando se me hizo imposible situar su casa.

Mis recuerdos de esa fantasmal imagen se remontan a aquella época pacifica y diferente. Mi joven mente pronto desistió y traté de olvidar esa situación, en vista de que habían otros asuntos más trascendentes.

Terminó la escuela, llegó el Colegio, y la Universidad, mi vida siguió su ritmo.
Una noche, llegué a la casa alrededor de las once de la noche. Silenciosamente atravesé el largo pasillo que conducía a mi dormitorio. Como las habitaciones no tenían puerta, pude ver las difuminadas figuras acostadas. Allí estaba mi madre, luego mi abuela con su característico olor a varios ungüentos balsámicos.

Un golpe seco me despertó en la madrugada, su eco todavía resonaba en mi cabeza. Era extraño, nadie se había levantado, solamente yo. Esperé a oír voces o cualquier otra cosa. Pero no oí nada.

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, una sensación de “dejá vu” invadió mi entendimiento. No sabía si estaba despierto o soñaba. La misma luz lunar bañaba el piso, la misma niebla. Terror. Tenía crispada la piel. Una sensación de inmovilidad. Músculos rígidos, expectantes, defensivos... .

Era igual que la otra noche... pero hacía tantos años.

Mis pensamientos se nublaron. Tuve una extraña sensación ambulatoria, sensual, lujuriosa. Me incorporé de mi cama, y salí de mi habitación. Un poderoso deseo carnal me impulsaba a visitar la habitación de la criada. Imaginaba su tibio cuerpo, sus sensuales caricias, su enloquecedor olor a mujer. Avancé. Y como salido de un éxtasis, mis pensamientos se ordenaron. Mi conciencia volvió a tomar las riendas. Ahí estaba yo, sentado en mi cama; no había avanzado. También en ese momento recapacité en el hecho de que el cuarto contiguo estaba desocupado y de que según entendía, nunca habíamos tenido servicio doméstico. No podía recordar que nadie hubiera dormido allí nunca.

A la mañana siguiente mi abuela amaneció muerta.

Por ser mi familia muy pequeña, al funeral sólo asistimos mi madre y yo. Triste sería la imagen mía compartiendo penosamente el peso del ataúd con el panteonero.

Con el pasar de los días el sentimiento de pérdida se hizo más fuerte. No solamente era la falta del ser querido, sino la creciente sensación de que con el tiempo iban desapareciendo de mi vida personas. Figuras que una vez tuvieron forma, nombre, atributos definidos, ahora no eran más que manchas borrosas.

Gracias a Dios, nos hemos cambiado de casa, porque aborrezco el pensar en la posibilidad de que esa maldita visión se vuelva a repetir.
Otra casa, otra vida.

Siempre creí que este día llegaría, ahora estoy esperando pacientemente que mi novia llegue desde su lejana casa hasta la iglesia donde nos casaremos. Anoche no dormí bien, imágenes de la odiada casa me atenazaron toda la noche.

Por fin llega, bueno,... dicen que la novia es la última en llegar. Ya las dos parejas que nos servirán de padrinos denotan impaciencia. Este matrimonio no será normal, ya que tendrá una quinta persona como padrino, es.... . Mi día se nubla con un terror más allá de lo imaginado, no puedo recordar el nombre, Oh Dios, tampoco puedo recordar nada acerca de mi amigo. No pero esta vez no podrán convencerme de que estoy delirando. Tengo una prueba irrefutable, de alguna manera sé que el me prestó su jacket anoche en la fiesta de despedida de soltero. Quedó en mi vehículo.

La novia baja lentamente del vehículo de su padre. Le perturba mirar mi rostro ansioso. Se serena, sonríe, y me hace un gesto con la cabeza para que me adelante y empecemos.

Salimos de la Iglesia. Mi nuevo suegro apoya su mano en mi hombro y me susurra...

...Tome las llaves de mi vehículo para que lleve a su esposa al aeropuerto. Yo lo seguiré en otro vehículo y allá me lo entrega.

Mis ojos vidriosos sólo atinaron a dirigirle una estúpida mirada.








ME LLAMO JUDITH





Hola, me llamo Judith. Sé que quizás esta historia no sea muy interesante para algunas personas, pero solamente quiero contarles lo que a mi me sucedió.
Soy una mujer de 25 años, originaria de Jalisco, México. Cuando tenía 17 años empecé a soñar con una joven que siempre me llevaba flores. Era siempre un ramo de flores blancas. El tipo de ramo es como el que envían a los difuntos para su velación. Siempre al verla en el sueño, me daba miedo, pero sabía que algo me quería decir. Después de soñarla casi todos los días, durante un mes, decidí buscar al padre de la parroquia que se encuentra cerca de mi casa para preguntarle que hacer, a lo que él me contestó que quizás era mi ángel que me quería proteger, o algún alma del purgatorio que quería que le cumpliera algún favor que no pudo hacer en vida. Me aclaró que si era lo segundo, le mandara oficiar una misa para que descansara en paz. Y así lo hice. Le mandé oficiar una misa por las dudas.

Sin embargo la seguía soñando. A veces descansaba una semana, pero seguían tres. Y así paso un año. Justo una semana antes de cumplir los 18 años, entré a trabajar como empleada doméstica a la casa de un Abogado. A los pocos meses de trabajar allí, llegó de visita una hermana de la señora que provenía de la Ciudad de México, pues había ido a visitar a una tía porque su hija había muerto hacía poco más de un año. La chica y yo nos hicimos muy buenas amigas y me empezó a contar la historia de Carmen, su prima.

Esta chica tenía 17 años cuando falleció. Se suicidó. La causa no la supieron nunca, solamente un día apareció muerta en su habitación con las venas cortadas. A mi me entristeció mucho su historia, y me dijo que traía una foto de ella ya que era muy bonita y en vida era muy agradable. Pero al ver la foto sentí un escalofrío por todo el cuerpo. Carmen era la chica que yo he soñado desde el día de su muerte, el 2 de abril de 1993. Hasta la fecha no sé qué mensaje quiere darme. Le he pedido que me lo diga en sueños (pues presente creo que no lo resistiría), pero no me lo dice. Desde que la hermana de la señora me contó su historia, la soñé un mes seguido, todas las noches. Después, sólo cuando tengo algún miedo o algo muy importante que hacer.

Ahora sé que ella sólo está aquí para cuidarme y no darme ningún mensaje. Ya no me quiere dar ramos de flores porque sabe que les tengo mucho miedo, porque es la forma en la que ella se presentó a mi. Ahora, cuando la sueño, solamente me da una sonrisa y eso quiere decir que las cosas van a mejorar.

Gracias por dedicarle un poco de su tiempo a esta historia. Atentamente: Judith.





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EL FANTASMA DEL BALNEARIO





El espíritu de un antiguo cliente de las termas Orión volvió, al cabo de los años, al balneario donde veraneaba

Reanudamos, tras la pausa veraniega, nuestro recorrido por las leyendas de las comarcas de Girona. Nos habíamos quedado en Santa Coloma de Farners, con algunas leyendas sobre las aguas termales. Pues bien, la época de oro de los balnearios fue vivida con total intensidad por las termas Orión de esa localidad. En aquellos años felices, las décadas de los veinte y treinta, era costumbre de la burguesía, especialmente la barcelonesa, desplazarse hasta los centros de aguas termales de las comarcas para disfrutar de unos días de cuidados y de los beneficios de las aguas.

Este era el caso del cliente más asiduo de las termas Orión. Era un hombre ya mayor, que acudía al establecimiento casi desde que se inauguró y que sentía un cariño especial por el edificio en sí y por las personas que en él trabajaban o pasaban unos días de descanso. El buen hombre era conocido y respetado por todos, puesto que era una persona tranquila y sociable, perfectamente acorde con el carácter apacible de un balneario.

En cuanto podía, el burgués se acercaba a las termas y disfrutaba de unos días de baños, paseos, masajes y curas de todo tipo. Soltero, era feliz en el balneario, donde podía olvidarse de las preocupaciones que le comportaba el negocio familiar que regentaba en Barcelona.

Pero, desgraciadamente, la edad de oro de los balnearios llegó a su fin y, pasada la guerra, una grave decadencia afectó a todos los centros termales que hasta el momento habían disfrutado de una salud envidiable, tanto por los beneficios que sus aguas reportaban a los clientes como por los que se plasmaban en la buena marcha del negocio.

Las termas Orión no quedaron al margen de tal declive, y tuvieron también que cerrar, para tristeza de los clientes habituales, especialmente el señor de Barcelona, que nunca más fue el mismo. Sin la bondad del agua de Santa Coloma y la compañía de sus gentes, se entristeció, cayó enfermo y finalmente murió.

Pasados unos años, el bonito edificio que había albergado las termas era ya un espectro de lo que una vez fue. Las fachadas degradadas, los jardines descuidados, todo daba la impresión de que el edificio llevaba años abandonado, como así era. Las termas se convirtieron en lugar de juegos de los jóvenes del pueblo, que se adentraban en el gran edificio contando historias sobre hechos extraños acaecidos allí.

Fueron estos chicos los que un día vieron la silueta de un hombre mayor paseando por las dependencias del balneario. Al describir los muchachos la apariencia del fantasma a sus familiares más viejos, nadie dudó acerca de la verdadera personalidad de la aparición: se trataba del comerciante barcelonés, que había salido de su descanso eterno para regresar a su añorado y querido balneario.

Sin embargo, desde que las termas Orión vuelven a estar llenas de vida y en pleno funcionamiento, nunca más se ha visto a ningún fantasma en sus dependencias, quizá sea porque el barcelonés ha retornado a su descanso, contento por volver a ver su lugar preferido lleno de vida otra vez.






LA DESPEDIDA DE MI PADRE






Yo tenia tres años me faltaban unos cuantos meses para cumplir cuatro anos y vivíamos en un ranchito y éramos muy pobres, los recuerdos que tengo de mi papá son muy pocos mas tengo muy presente lo sucedido como si lo estuviera viendo en este momento.

Era en el mes de mayo que mi papá se puso muy grabe mas recuerdo que una mañana me desperté muy desesperada por ver a mi papá y desperté gritándole me levante corrí por toda la casa y no lo encontraba por ninguna parte sentía una necesidad por verlo seguí buscando cuando llegue al baño ya no estaba.

Después mi tía llegó y nos dijo a mis seis hermanos y a mi que se habían llevado a mi papá al doctor y que ella nos cuidaría.

Después recuerdo que llegó mi abuela y le dijo a mi tía, viste a esos niños de negro que van a velar a su padre. Recuerdo que era un día muy triste y hacía mucho aire con remolinos en fin yo no entendía muy bien que significaba cuando me decían que mi papá murió, yo solamente veía a todos llorando y yo no podía llorar por que no entendía lo que pasaba veía la caja de mi papá mas nunca me acercaron a verlo en fin lo sepultaron y nunca mas lo volví a ver, yo preguntaba que cuando vendría mi papá y me decían que nunca lo volvería a ver pero yo no les creía en mi yo sentía que el iba a regresar y pasaron tres meses yo seguía con unas ansias muy grandes por verlo de vuelta asta que un día era de noche y dormíamos en el mismo cuarto mis hermanos, mi mamá, la mama de mi papá se que daba a cuidar a mi mama por que estaba por dar a luz de mi hermano en total que todos estábamos en el mismo cuarto y yo compartía una camita con mi hermano menor el con la cabeza para un fin de la cama y yo de la otra frente a la puerta del cuarto y recuerdo que no podía dormir y solo volteaba a ver por la ventana de la puerta que entraba un poco de luz de la luna cuando de repente vi mucha luz y de repente apareció mi papá yo me sentía feliz de verlo y nunca sentí miedo el bestia una sabana blanca sujetada del hombro y unos calcetines verdes y me pregunto que donde estaba mi mama yo apunte hacia la cama de mi mama donde dormía con mi abuela la madre de mi padre el camino y se dirigió hacia su cama suspiro y toco la cara de mi mama la miro por un instante y me pregunto que donde estaban mis hermanos le señale hacia su cama todos dormían juntos se acerco los contemplo y suspiro muy triste después se dirigió a mi y me dijo ya me boy y nunca voy a volver después desapareció como una luz atravesando la ventana y se fue, yo un poco confundida pero satisfecha de haberlo visto ya me sentía mejor y fue entonces cuando comprendí que nunca lo volvería a ver.

Al siguiente día me desperté muy feliz y le dije a mi mama que mi papá había venido a visitarnos y le conté como paso todo después me pregunto si traía algo puesto y le conteste que traía una sabana blanca envuelta como Dios y unos calcetines verdes fue entonces cuando me creyó por que así fue como lo sepultaron desnudo solo una sabana envuelta y sus calcetines verdes yo nunca había oído como fue sepultado y así mi mama me creyó después hasta me pagaban otros niños para que les contara la aparición y despedida de mi padre.



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Publicado por rositafuturo @ 22:06 | Enviar